|
Existe una pequeña secta formada por eclesiásticos y por
algunos seglares muy sabios que no son ni arrianos, ni
socinianos, pero que no están de acuerdo con San Atanasio en
el capítulo sobre la Trinidad y sostienen netamente que el
Padre es superior al Hijo.
¿Os acordáis de aquel obispo ortodoxo que para convencer al
emperador de la consubstancialidad tomó al hijo de éste por la
barbilla y le tiró de la nariz en presencia de su majestad? El
emperador estaba a punto de enfadarse cuando el obispo le dijo
estas convincentes palabras:
-Si vuestra majestad se irrita por esta falta de respeto
hacia vuestro hijo, ¿cómo creéis que Dios Padre tratará a
aquellos que se niegan a dar a Jesucristo los títulos que se
le deben?
Las gentes de las que os hablo opinan que el santo obispo
fue muy imprudente, que su argumento no era válido y que el
emperador debía haberle respondido:
-Sabed que hay dos maneras de faltarme al respeto: la
primera no rindiendo los honores debidos a mi hijo; la
segunda, rindiéndole tantos como a mí.
Sea como sea, el partido de Arrio comienza a resucitar en
Inglaterra al igual que en Holanda y en Polonia. El gran
Newton honraba a esta teoría con su preferencia; el filósofo
pensaba que los unitarios razonan más geométricamente que
nosotros. Pero el más firme patrón de la doctrina arriana es
el ilustre doctor Clarke. Este hombre es de una virtud rígida
y de dulce carácter, más amante de sus opiniones que
apasionado por hacer proselitismo, únicamente ocupado de
cálculos y demostraciones, una verdadera máquina de razonar .
Es autor de un libro bastante poco comprendido pero
apreciado sobre la existencia de Dios, y de otro bastante más
comprensible pero menos preciado sobre la verdad de la
religión cristiana.
No quiso meterse en hermosas discusiones escolásticas,
llamadas venerables cuentos de viejas por nuestro amigo...; se
contentó con reunir en un libro todo los testimonios de los
primeros siglos a favor y en contra de los unitarios, dejando
al lector el trabajo de contar los votos y de juzgar . El
libro le valió muchos partidarios, pero le impidió llegar a
arzobispo de Canterbury. Yo creo que el doctor falló en sus
cálculos y que más le hubiera valido ser Primado de Inglaterra
que sacerdote arriano.
Como podéis ver, en las opiniones hay tantas revoluciones
como en los imperios. El partido de Árrio, después de haber
conocido el triunfo durante trescientos años y el olvido
durante doce siglos, vuelve a resurgir de sus cenizas; pero ha
elegido mal momento para reaparecer; todo el mundo está harto
de disputas y de sectas. El arrianismo es una secta demasiado
pequeña para tener derecho a realizar asambleas públicas; lo
conseguirá sin duda si aumenta el número de sus adeptos; pero
en la actualidad los sentimientos religiosos están debilitados
y con dificultad una religión nueva o renovadora puede lograr
éxitos. No deja de ser gracioso pensar que Lutero, Calvino y
Zwinglio, escritores ilegibles, hayan fundado sectas que
dividen a Europa; que el ignorante Mahoma haya dado una
religión a Asia y África; y que, sin embargo, Newton, Clarke,
Locke, Le Clerc, etc. , los más grandes filósofos y las
mejores plumas de su tiempo, apenas hayan conseguido reunir
pequeños grupos de prosélitos, que disminuyen diariamente.
De ahí lo importante que es llegar al mundo en el momento
oportuno. Si el cardenal de Retz reapareciera hoy, no reuniría
a su alrededor ni a diez mujeres de todo París.
Si Cromwell renaciera, él, que hizo cortar la cabeza a su
rey para coronarse soberano, sería un simple mercader de
Londres.
FIN
|