La luna llena se elevó gloriosa sobre el pueblo, y todos los perros de ese
pueblo comenzaron a ladrarle.
Sólo un perro no ladró y dijo a los otros con voz
grave:
-No despierten el sosiego de su sueño, ni atraigan a la
luna hacia la tierra con sus ladridos.
Entonces todos los perros cesaron de ladrar, creando un terrible silencio.
Mas, el perro que les había hablado continuó ladrando pidiendo silencio durante
el resto de la noche.