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Cierta tarde un poeta conoció a un campesino. El poeta era esquivo y el
campesino tímido, pero conversaron.
-Déjame contarte una pequeña historia que escuché últimamente -dijo el
campesino-. Un ratón fue apresado en una trampa. Y mientras comía feliz el
queso que allí había, un gato se detuvo al lado de él. El ratón tembló un
instante, pero sabía que en la trampa se hallaba seguro.
-¿Estás comiendo tu último alimento, amigo? -dijo el gato.
-Sí -contestó el ratón- una vida tengo, por lo tanto una muerte. Mas, ¿qué
hay de ti? Me dicen que posees nueve vidas. ¿No significa eso que posees nueve
veces?
Entonces el campesino miró al poeta y dijo:
-¿No es una historia extraña?
El poeta no contestó, pero se fue diciendo dentro de
sí:
-En verdad tenemos nueve vidas, nueve vidas para estar
seguros. Y moriremos nueve veces, y nueve veces moriremos. Quizá fuera mejor
poseer sólo una vida, apresada en una trampa; la vida de un campesino con un
trozo de queso como última comida Pues acaso, ¿no pertenecemos a la extirpe de
los leones del desierto y de la jungla?
FIN
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