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Ahora, tía Jane, te toca a ti -dijo Raymond West.
-Sí, tía Jane, esperamos algo
verdaderamente sabroso -exclamó en tono festivo Joyce Lempriére.
-Vamos, vamos, no se burlen
de mí, queridos -replicó la señorita Marple plácidamente-.
Creen que por haber vivido toda mi vida en este apartado
rincón del mundo probablemente no he tenido ninguna experiencia interesante.
-Dios no permita que considere la vida de un pueblo
como apacible y monótona -replicó Raymond acaloradamente-. ¡Nunca más después de
las horribles revelaciones que acabamos de oír de tus labios! El mundo
cosmopolita parece tranquilo y pacífico comparado con St. Mary Mead.
-Bueno, querido -dijo la señorita Marple-, la
naturaleza humana es la misma en todas partes y, claro está, en un pueblecito se
tienen más ocasiones de observarla de cerca.
-Es usted realmente única, tía Jane –exclamó Joyce-.
Espero que no le importará que la llame tía Jane -agregó-. No sé por qué lo
hago.
-¿Seguro que no, querida? -replicó la señorita Marple.
Y la contempló con una mirada tan burlona por unos
instantes, que las mejillas de la muchacha se arrebolaran. Raymond carraspeó
para aclararse la garganta de un modo algo embarazoso.
La señorita Marple volvió a
contemplarlos sonriente y luego dedicó de nuevo su atención a su labor de punto.
-Es cierto que he llevado lo que se llama una vida
tranquila, pero he tenido muchas experiencias resolviendo pequeños problemas que
han ido surgiendo a mi alrededor. Algunos verdaderamente ingeniosos, pero de
nada serviría contárselos, ya que son cosas de poca importancia y no les
interesarían, como por ejemplo: "¿Quién cortó las mallas de la bolsa de
la señora Jones?" y "¿Por qué la señora
Simons sólo se puso una vez su abrigo de pieles nuevo?" Cosas realmente
interesantes para cualquiera que guste de estudiar la naturaleza humana. No, la
única experiencia que recuerdo que pueda tener interés para ustedes es la de mi
pobre sobrina Mabel y su esposo. Ocurrió hace diez o quince años y, por fortuna,
todo acabó y nadie lo recuerda. La memoria de las gentes es muy mala,
afortunadamente.
La señorita Marple hizo una
pausa mientras murmuraba para sí:
-Tengo que contar esta vuelta. El menguado es un poco
difícil. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, y luego se menguan tres. Eso es. ¿Qué
estaba diciendo? Oh, sí, hablaba de la pobre Mabel. Mabel era mi sobrina. Una
muchacha simpática y muy agradable, sólo que lo que podríamos decir un poco
tonta. Le gusta armar un drama por cualquier cosa, siempre que se enfada, y dice
muchas más cosas de las que piensa. Se casó con un tal señor Denman cuando tenía
veintidós años y me temo que no fue muy feliz en su matrimonio. Yo había
esperado que aquella boda no llegara a celebrarse, ya que el tal señor Denman
parecía un hombre de temperamento violento y no la clase de persona que hubiera
sabido tener paciencia con las debilidades de Mabel. Y también porque supe que
en su familia había habido algunos casos de locura. No obstante, entonces las
muchachas eran tan obstinadas como ahora y como lo serán siempre, y Mabel se
casó con él.
"Después de su matrimonio no la
vi muy a menudo. Vino a pasar unos días a mi casa un par de veces y me invitaron
a la suya en varias ocasiones, pero, a decir verdad, no me gusta mucho estar en
casas ajenas y siempre me las arreglé para excusarme. Llevaban diez años casados
cuando el señor Denman falleció repentinamente. No habían tenido hijos y dejaba
todo su dinero a Mabel. Yo le escribí, como es natural, ofreciéndome a hacerle
compañía si me necesitaba, pero me contestó con una carta muy sensata y yo
imaginé que no estaba demasiado abatida por la pena. Lo juzgué natural sabiendo
que desde hacía algún tiempo hacían vidas separadas. No fue hasta unos tres
meses después cuando recibí una carta de lo más histérica de mi sobrina, en la
que me pedía que acudiera a su lado, que las cosas iban
de mal en peor y que no sería capaz de soportarlo por mucho más tiempo.
"Así que, por supuesto, recogí
mis cosas, llevé la vajilla de plata al banco y acudí en seguida. Encontré a
Mabel muy nerviosa. La casa, Myrtle Dene, era muy grande y estaba magníficamente
amueblada. Tenían cocinera, doncella, así como una enfermera que cuidaba del
anciano señor Denman, padre del esposo de Mabel, quien estaba lo que se dice "un
poco mal de la cabeza". Era un hombre tranquilo y se portaba bien, aunque a
veces era algo raro. Como ya he dicho, había habido casos de locura en la
familia.
"Me sorprendí realmente al ver
el cambio sufrido por Mabel. Era un manojo de nervios y me resultó difícil que
me contara el problema. Lo conseguí, como siempre se consiguen estas cosas,
indirectamente. Le pregunté por unos amigos suyos a quienes siempre mencionaba
en sus cartas, los Callagher. Ante mi sorpresa, me respondió que apenas los veía
ya. Y lo mismo me contestó al preguntarle por otros. Le hablé de lo tonto que
era encerrarse en casa y renunciar al trato social, y entonces me contó la
verdad.
"-No es cosa mía, sino suya.
Ahora no hay una sola persona aquí que quiera dirigirme la palabra. Cuando paso
por High Street todos se apartan para no tener que saludarme. Soy una especie de
leprosa. Es horrible y no podré soportarlo por mucho tiempo. Tendré que vender
la casa y marcharme al extranjero. Y, sin embargo, ¿por qué tienen que hacerme
abandonar una casa como ésta? Yo no he hecho nada.
"Me inquieté más de lo que
puedan ustedes imaginar. Estaba tejiendo una bufanda para la anciana
señora Hay y, en mi tribulación, dejé escapar unos puntos
y no lo descubrí hasta mucho después.
"-Mi querida Mabel -le dije-, me
sorprendes. ¿Cuál es la causa de todo esto?
"Incluso de niña Mabel fue
siempre difícil y me costó muchísimo sacarle la verdad. Sólo sabía hablar con
vaguedad de las personas ociosas y maliciosas que no tienen nada mejor que hacer
que chismorrear y lanzar insidias a las mentes de los demás.
"-Lo veo muy claro -le dije-.
Evidentemente debe de circular algún rumor referente a ti. Tú debes saber muy
bien cuál es esa historia, de modo que vas a contármela.
"-¡Es algo tan malicioso! -gimió
Mabel.
"-Claro que es malicioso
-repliqué-. No hay nada que puedas contarme acerca de la mentalidad humana que
me sorprenda. Y ahora, Mabel, ¿quieres decirme lisa y llanamente lo que la gente
anda diciendo de ti?
"Entonces salió todo.
"Al parecer, la repentina e
inesperada muerte de Geoffrey Denman había suscitado varios rumores. En resumen,
la gente pensaba que ella había envenenado a su esposo.
"Ahora bien, como supongo que
ustedes ya saben, no hay nada más cruel ni más difícil de combatir que los
rumores. Cuando la gente habla a nuestras espaldas nada hay que pueda uno
rebatir o negar, y las habladurías van creciendo sin que nadie pueda detenerlas.
Yo estaba completamente segura de una cosa: Mabel era incapaz de envenenar a
nadie y no comprendía por qué iban a arruinarle la vida haciéndole insoportable
la estancia en aquella casa sólo porque, con toda probabilidad, había hecho
alguna estupidez.
"-No hay humo sin fuego -le
dije-, Mabel. Ahora vas a decirme el motivo de que la gente comenzara a
rumorear. Debió ser por algo.
"Mabel se mostró muy
incoherente, declarando que no había sido por nada, por nada en absoluto, como
no fuese, naturalmente, por lo repentino del fallecimiento de Geoffrey. A la
hora de cenar parecía encontrarse perfectamente y por la noche se puso muy
enfermo. Naturalmente habían enviado a buscar al médico, pero el pobre Geoffrey
falleció a los pocos minutos de su llegada. Su muerte fue atribuida a
envenenamiento por haber comido setas venenosas.
"-Bueno -le dije-, supongo que
una muerte repentina de esa clase puede desatar las lenguas, pero sin duda no
sin algunos hechos adicionales. ¿Te peleaste con Geoffrey o algo por el estilo?
"Admitió que había sostenido una
discusión con él la mañana anterior, a la hora del desayuno.
"-Supongo que la oirían los
criados... -comenté.
"-No estaban en la habitación.
"-No, querida, pero
probablemente estaban al otro lado de la puerta -le contesté.
"Yo sabía muy bien lo histérica
que podía llegar a ponerse Mabel cuando se enfadaba. Geoffrey Denman también era
un hombre dado a elevar la voz cuando se enfadaba.
"-¿Por qué pelearon?
-quise saber.
"-Oh, por las tonterías de
siempre. Siempre ocurría lo mismo. Cualquier cosa nos enzarzaba en una
discusión. Geoffrey se ponía imposible y decía cosas abominables, y yo le
contestaba a todo lo que pensaba de él.
"-Entonces, ¿discutían
a menudo? -pregunté.
"-No era culpa mía.
"-Mi querida niña -le dije-, no
importa de quién fuera la culpa. Eso no es lo que estamos discutiendo ahora. En
un sitio como éste, los asuntos privados de todo el mundo son poco más o menos
del dominio público. Tú y tu marido estaban siempre
discutiendo. Una mañana tienen una pelea mayor de lo
normal y aquella noche tu marido muere repentina y misteriosamente. ¿Es eso todo
o hay algo más?
"-No sé qué quieres decir
-afirmó Mabel apesadumbrada.
"-Pues lo que he dicho, querida.
Si has cometido alguna tontería, no lo ocultes. Yo sólo quiero ayudarte.
"-Nadie ni nada puede ayudarme,
excepto la muerte -declaró Mabel con desesperación.
"-Ten un poco más de fe en la
Providencia, querida -le dije-. Ahora sé perfectamente que hay algo más que
tratas de ocultar.
"Siempre supe, incluso cuando
era una niña, cuándo no me decía la verdad. Tardó mucho tiempo, pero al fin lo
dijo. Aquella misma mañana fue a la farmacia a comprar arsénico. Por supuesto
firmó en el registro y, naturalmente, el farmacéutico lo había contado.
"-¿Quién es tu médico? -le
pregunté.
"-El doctor Rawlinson.
"Yo lo
conocía de vista. Mabel me lo había señalado el día anterior y era lo que
vulgarmente se llama un viejo decrépito. Además, yo tenía demasiada experiencia
de la vida para creer en la infalibilidad de los médicos. Algunos son
inteligentes y otros no, y la mayor parte de las veces no saben lo que le ocurre
a uno. Yo no confío ni en los médicos ni en las medicinas.
"Después de reflexionar sobre lo
que había averiguado, me puse el sombrero y me fui a visitar al doctor
Rawlinson. Era precisamente lo que yo había supuesto, un anciano amable y tan
corto de vista que daba lástima, ligeramente sordo, y al mismo tiempo
susceptible y quisquilloso en grado extremo. En cuanto mencioné la muerte de
Geoffrey Denman se puso a la defensiva, y me habló largo rato de las setas, las
comestibles y las que no. Había interrogado a la cocinera, quien admitió que una
o dos setas de las que preparó le parecieron "un poco extrañas", pero pensó que
debían ser buenas, puesto que se las habían enviado de la tienda. Cuanto más
pensaba en ello desde aquél día, más convencida estaba de que su aspecto no era
normal.
"-Y no es extraño -dije yo-.
Debieron empezar por ser semejantes a las demás en apariencia y terminar
adquiriendo un color naranja con manchas rojas. No hay nada que esa gente no
recuerde si se esfuerza.
"Averigüé que Denman ya no podía
hablar cuando llegó el doctor. No podía tragar y falleció a los pocos minutos.
El médico parecía completamente satisfecho de su dictamen, pero yo no estaba
segura de si era debido a un firme convencimiento o a su testarudez.
"Me fui directa a casa y
pregunté a Mabel por qué había comprado arsénico.
"-Debiste hacerlo con algún
propósito -le dije.
"Mabel se echó a llorar.
"-Quería suicidarme -gimió-. Me
sentía tan desgraciada... y pensé que así terminaría todo.
"-¿Tienes aún el arsénico? -le
pregunté.
"-No, lo tiré.
"Estuve durante unos momentos
dando vueltas en mi mente al problema.
"-¿Qué ocurrió cuando se sintió
mal? ¿Te llamó?
"-No -meneó la cabeza-. Hizo
sonar el timbre con violencia. Debió llamar varias veces y al fin Dorothy, la
doncella, lo oyó y, tras despertar a la cocinera, bajó con ella. Cuando Dorothy
lo vio se asustó mucho. Estaba inquieto y delirando. Dejó allí a la cocinera y
vino corriendo a buscarme. Yo me levanté y al verlo
comprendí en el acto que estaba muy grave. Por desgracia Brewster, que cuida del
anciano señor Denman, tenía la noche libre, de modo que no había nadie en la
casa que supiera lo que se debía hacer. Mandé a Dorothy a buscar al médico, y la
cocinera y yo nos quedamos con él, pero al cabo de unos minutos no pude
soportarlo más, era demasiado horrible, y regresé a mi habitación para
encerrarme en ella.
"-Fuiste muy egoísta y cruel -le
dije-, y no hay duda de que tu comportamiento no te habrá ayudado precisamente,
ya puedes estar segura. La cocinera lo habrá repetido por todas partes. Vaya,
vaya, es un mal asunto.
"Luego hablé con el servicio. La
cocinera quería contarme lo de las setas, pero la contuve: estaba harta de
aquellas setas. En vez de eso, la interrogué detalladamente acerca del estado de
su amo en aquella trágica noche. Las dos estuvieron de acuerdo en que parecía
agonizante, que apenas podía tragar, sólo hablaba con voz apagada y delirante, y
que no dijo nada que tuviera sentido.
"-¿Qué dijo cuando deliraba?
-pregunté con curiosidad.
"-Algo acerca de un pescado,
¿no? -dijo volviéndose a la otra.
"Dorothy asintió.
"-Un montón de pescado -dijo-, o
alguna tontería por el estilo. En seguida comprendí que el pobre señor había
perdido la cabeza.
"No era posible sacar nada en
claro de aquello. Como último recurso, fui a ver a Brewster, que era una mujer
delgada de unos cincuenta años.
"-Es una lástima que no
estuviera yo aquella noche -dijo-. Al parecer nadie intentó hacer nada por él
hasta que llegó el médico.
"-Supongo que deliraba -dije
pensativa-, pero eso no es síntoma de envenenamiento producido por alimentos en
mal estado, ¿o sí?
"-Eso depende -replicó Brewster.
"Le pregunté por el estado de su
paciente.
"Meneó la cabeza.
"-Está bastante mal -replicó.
"-¿Débil?
"-Oh, no. Físicamente está
bastante bien, aparte de la vista, que le empieza a fallar. Puede que nos
sobreviva a todos nosotros, pero su mente se está perdiendo muy deprisa. Les
dije al señor y a la señora Denman que debían internarlo
en un sanatorio, pero la señora Denman no quiere oír
hablar de ello siquiera.
"Debo decir que Mabel siempre ha
tenido un corazón generoso.
"Bien, así estaban las cosas.
Consideré cuidadosamente todos los aspectos y finalmente decidí que sólo quedaba
una cosa por hacer. En vista de los rumores que circulaban, debíamos solicitar
un permiso para exhumar el cadáver, practicarle la debida autopsia y hacer que
las lenguas se callaran para siempre. Desde luego, Mabel armó un gran alboroto
diciendo que no se debía molestar a un muerto en su tumba, etc... pero yo me
mantuve firme.
"No me alargaré en esta parte de
mi historia. Conseguimos el permiso y se llevó a cabo la autopsia, o como se
llame eso, mas el resultado no fue lo satisfactorio que debiera haber sido. No
se encontró el menor rastro de arsénico, cosa favorable, pero las palabras
exactas del informe forense fueron "que no había nada que demostrase la causa de
la muerte".
"De modo que aquello no
solucionó nada. La gente continuó hablando de venenos raros que no dejan rastro
y tonterías por el estilo. Yo visité al patólogo que efectuó la autopsia, al que
hice varias preguntas, aunque se esforzó cuanto le fue posible para no responder
a la mayoría de ellas. Pero logré sonsacarle que consideraba altamente
improbable que las setas venenosas hubieran sido la causa del fallecimiento. Una
idea tomaba forma en mi mente y le pregunté qué veneno, si es que existía
alguno, podía haber sido empleado para lograr aquellos efectos. Me dio una
extensísima explicación, que en su mayor parte, debo admitirlo, no entendí, pero
que puede resumirse así: la muerte pudo ser producida por algún fuerte alcaloide
vegetal.
"La idea que tuve era ésta.
Suponiendo que Geoffrey Denman llevara también en la sangre la tara de la
locura, ¿no pudo haberse suicidado? Durante un período de su vida estudió
medicina y debía tener un buen conocimiento de los venenos y sus efectos.
"No me parecía muy probable,
pero fue lo único que se me ocurrió y puedo asegurarles que estuve a punto de
volverme loca. Ahora, aunque ustedes los jóvenes lo tomen a risa, les confesaré
que, cuando me encuentro en un verdadero apuro, siempre rezo para mis adentros,
en cualquier parte donde me encuentre, caminando por la calle o en el interior
de una tienda, y siempre obtengo una respuesta a mi plegaria. Tal vez parezca
una cosa sin importancia y sin relación aparente con este asunto, pero la tiene.
Cuando era niña tenía este lema escrito sobre mi cama: "Pide
y recibirás". La mañana a la que me refiero yo estaba
paseando por High Street y rezaba intensamente. Cerré los ojos y, al abrirlos,
¿qué creen ustedes que fue lo primero que vi?"
Cinco rostros se volvieron hacia la señorita Marple,
demostrando diversos grados de interés. Sin embargo, podía afirmarse con
seguridad que ninguno había adivinado la respuesta a la pregunta.
-Vi -dijo la señorita Marple con aire misterioso- el
escaparate de la pescadería. Y sólo había una cosa en él: un ródalo fresco.
Miró a su alrededor con aire triunfante.
-¡Oh, cielos! -exclamó Raymond West-. La respuesta a tu
plegaria fue... un ródalo fresco.
-Sí, Raymond -contestó la señorita Marple con aire
severo-. Y no hace falta que seas tan escéptico. La mano de Dios está en todas
partes. Lo primero que vi fueron las manchas negras de ese pescado, las huellas
del pulgar de san Pedro, según cuenta la leyenda, ya sabes. Y eso me hizo
recordar cosas: que necesitaba fe, la verdadera fe de san Pedro, y relacioné las
dos cosas, la fe y el pescado.
Henry se sonó con bastante apresuramiento y Joyce se
mordió el labio.
-¿Qué es lo que trajo esto a mi memoria? Pues que la
doncella y la cocinera mencionaran que el pescado había sido una de las palabras
pronunciadas por el difunto. Eso me convenció, con un convencimiento absoluto,
de que la solución del misterio había de encontrarse en aquellas palabras. Volví
a casa resuelta a llegar al fondo del asunto.
Hizo una pausa.
-¿Se les ha ocurrido pensar -continuó la anciana-
cuántas veces nos dejamos llevar por lo que creo se ha dado en llamar el
contexto de las cosas? Hay un lugar en Dartmoor llamado Tiempo Gris. Si uno
habla con un granjero de allí y menciona las palabras Tiempo Gris, sin duda
deducirá que se refiere a aquellas rocas, aunque es posible que usted le esté
hablando del día que hace. Del mismo modo, si uno hace referencia a ese lugar
ante un extraño que sólo oiga un fragmento de la conversación, puede pensar que
le hablan del tiempo. De modo que, al repetir una conversación, por lo general
no empleamos las palabras exactas, sino otras que para nosotros tienen el mismo
significado.
"Me entrevisté por separado con
la cocinera y Dorothy. Pregunté a la primera si estaba segura de que su amo
había hablado de un montón de pescado y respondió afirmativamente.
"-¿Fueron entonces ésas sus
palabras exactas -pregunté- o nombró alguna clase especial de pescado?
"-Eso es -replicó la cocinera-,
una clase especial que ahora no puedo recordar. Un montón de... ¿qué era lo que
dijo? No es ninguno de los que se sirven en la mesa. ¿Diría sollo o perca? No,
no empezaba con P.
"Dorothy también recordaba que
su amo había mencionado una clase determinada de pescado.
"-Era un nombre poco corriente
-dijo-. Una pila de... ¿qué es lo que dijo?
"-¿Dijo montón o pila?
-pregunté.
"-Creo que dijo pila. Pero no
estoy segura, es tan difícil recordar las palabras exactas, ¿no es cierto,
señorita?, especialmente cuando no tienen sentido. Pero ahora que lo pienso,
estoy casi segura de que dijo pila, algo que me sonó muy extraño, y luego
pronunció el nombre de un pescado que empieza con C, pero no era el congrio ni
cangrejo."
-Lo que sigue a continuación me
enorgullece –dijo la señorita Marple-, porque, desde luego, nada sé de drogas,
que considero desagradables y peligrosas. Tengo una receta de mi abuela para
hacer infusión de tanaceto que vale más que todas las medicinas. Pero yo sabía
que en la casa había varios libros de medicina y que uno de ellos era un índice
de drogas. ¿Comprenden? Mi idea fue que Geoffrey había tomado alguna dosis de
veneno e intentó decirlo. Bien, primero miré las que empezaban por R, sin
encontrar nada que me pareciese probable. Luego seguí con la letra P y casi en
seguida di con ella... ¿qué creen ustedes que era?
Miró a su alrededor saboreando su triunfo.
-Pilocarpina. ¿No adivinan cómo sonaría en labios de un
hombre que apenas pudiera hablar? ¿Y cómo sonaría a oídos de una cocinera que
nunca lo hubiera oído? ¿No debió de darle la impresión de que decía algo así
como "pila de carpas"?
-¡Por Júpiter! -exclamó Henry.
-Nunca se me hubiera ocurrido -confesó el doctor
Pender.
-Es muy interesante -dijo la señora
Petherick-. Interesantísimo.
-Busqué apresuradamente la página que señalaba el
índice y leí los efectos que la pilocarpina produce en
los ojos y otras cosas que no hacen al caso, y al fin llegué a una frase muy
significativa. Ha sido empleada con éxito como antídoto contra el envenenamiento
producido por la atropina. Entonces lo vi todo con claridad. Nunca consideré muy
probable que Geoffrey Denman se hubiera suicidado. No, esta nueva solución no
sólo era posible, sino que estaba segura de que era la verdadera ya que todas
las piezas del rompecabezas encajaban.
-No voy a tratar de adivinarlo -dijo Raymond-.
Continúa, tía Jane, y dinos lo que estaba tan claro para ti.
-Yo no sé nada de medicina, por supuesto -replicó la
señorita Marple-, pero lo que sí sabía era que, cuando mi vista empezó a fallar,
el médico me recetó unas gotas de sulfato de atropina. Fui directamente a la
habitación del anciano señor Denman y no me anduve por las ramas.
"-Señor
Denman -le dije-. Lo sé todo. ¿Por qué envenenó usted a su hijo?
"Me miró durante un par de
segundos, era un hombre bastante atractivo a su manera, y luego se echó a reír.
Fue una de las risas más malvadas que he oído en mi vida y les aseguro que se me
puso la piel de gallina. Sólo en una ocasión oí algo parecido, cuando la pobre
señora Jones se volvió loca.
"-Sí -me contestó-, yo maté a
Geoffrey. Yo era demasiado listo para él y él quería quitarme de en medio ¿no es
cierto? Encerrarme en un asilo. Lo oí hablar con Mabel.
Mabel es una buena chica, se puso de mi parte, pero yo sabía que no iba a poder
impedirlo indefinidamente. Al fin se habría salido con la suya, como siempre.
Pero yo acabé con él, con mi hijo amable y cariñoso. ¡Ja, ja! Bajé durante la
noche. Fue muy sencillo. Brewster había salido y mi querido hijo estaba
durmiendo. Tenía un vaso de agua en la mesilla de noche, siempre bebía cuando se
despertaba a medianoche. Lo vacié, ¡ja, ja!, y luego vertí en él mi botella de
gotas para los ojos. Cuando se despertase se lo bebería antes de saber qué era.
Sólo me quedaba una cucharada, pero fue suficiente, fue suficiente. ¡Así fue
cómo lo hice! A la mañana siguiente me dieron la noticia con mucha delicadeza.
Temían que me afectara, ¡ja, ja, ja!
"Bien, éste es el final de mi
historia. Desde luego el pobre viejo fue internado en un sanatorio. En realidad
no era responsable de lo que había hecho, se supo la verdad y todo el mundo se
compadeció de Mabel y no sabían qué hacer para compensarla de sus injustas
sospechas. Pero de no haber sido porque Geoffrey se dio cuenta de lo que había
tomado e intentó pedir que le trajeran el antídoto sin demora, es posible que
nunca se hubiera descubierto. Creo que la atropina produce ciertos síntomas muy
evidentes, dilatación de las pupilas y demás, pero desde luego y como ya les he
dicho, el doctor Rawlinson era muy corto de vista, pobre viejo. Y en el mismo
libro de medicina, que continué leyendo porque era muy interesante, se daban los
síntomas del envenenamiento producido por la ingestión de alimentos en mal
estado y por la atropina, y no se diferencian gran cosa. Pero les aseguro que no
he vuelto a ver un ródalo fresco sin acordarme de la huella del pulgar de san
Pedro."
Hubo una larga pausa.
-Mi querida amiga -dijo el señor Petherick-, es usted
realmente maravillosa.
-Recomendaré a Scotland Yard que vengan a pedirle
consejo -intervino Henry.
-Bueno, de todas formas hay una cosa que ignoras, tía
Jane -dijo Raymond.
-Oh, sí que lo sé, querido -replicó la señorita
Marple-. Ha ocurrido precisamente antes de cenar ¿no es cierto? Cuando llevaste
a Joyce a contemplar la puesta de sol. Es un lugar muy adecuado, junto a los
jazmines. Allí es donde el lechero le preguntó a Annie si quería casarse con él.
-Vaya, tía Jane -replicó el joven-, no estropees todo
el romanticismo. Joyce y yo no somos como el lechero y Annie.
-En eso te equivocas, querido -dijo la señorita
Marple-. En realidad todos somos iguales, aunque afortunadamente tal vez no nos
demos cuenta.
FIN |