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Puerto Rico • 9 al 15 de agosto de 2007  
 
 
   
ACTUALIZADO: Jueves, 9 de agosto de 2007 a las 9:00 am.
     
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Andinismo

Luz Nereida Pérez
EN ROJO


Escribir es un tanto destilar pedazos de nuestras vidas, a modo de cuñas biográficas. Quienes lo hacemos públicamente y de manera regular vamos desnudando ante los lectores o lectoras nuestras vidas, nuestros sentires, nuestras alegrías, nuestros dolores. Proveemos a modo de un rompecabezas salpicado y fragmentado que el lector podría armar para tener ante sí a modo de un collage de nuestras vidas. Todo ello palabra tras palabra, escrito tras escrito... página a página, espacio tras espacio.

Una vez decidí trabajar los temas que hoy deseamos compartir con lectores y lectoras de este espacio dedicado al lenguaje, se me ha hecho inevitable la reiterada evocación de mi fallecida madre y la de un lugar muy especial -e igualmente muy privilegiado- que una de sus ocupaciones me proveyó. Durante mi niñez temprana mi madre fue bibliotecaria de la Escuela Federico Asenjo en Barrio Obrero. Muy frecuentemente cuando no había clases en el colegio -gracias a la festividad de este santo o aquella virgen- me llevaba con ella a su centro de trabajo. Los maestros y maestras colegas de mi madre eran Cecilia Orta Allende -más tarde reconocida pintora carolinense-, Emma Duprey -autora de un excelente libro de reciente publicación sobre la cocina artesanal boricua-, el declamador de poesía negra Juan Boria, quien me alzaba en brazos para colocarme a su lado sobre la mesa del salón de Artes Industriales mientras encuadernaba libros (lo cual hace inolvidable el particular y no muy agradable olor de la pega que empleaba para tales menesteres), hablaba incesantemente o me recitaba poesía afroantillana. ¡Un recital para mí sola! Todos y todas inolvidables, todos definitivos en mi formación humana.

Por su condición de bibliotecaria, Mami solía hablarme mucho de sus libros favoritos, algunos de los cuales en su momento leí y otros nunca lo hice. Así, motivada por ella, leí en mi adolescencia La corbata celeste, El final de Norma, El sombrero de tres picos, los libros de Alejandro Dumas, los de Edmundo de Amicis. De este último autor solía mencionar mucho mi progenitora el cuento extenso De los Apeninos a los Andes. Desde que pensé escribir sobre los términos alpinismo y andinismo, ha estado presente con evocadora insistencia el título de la pieza de De Amicis y la musicalidad de la voz y las narrativas de mi madre.

Leía, durante unas breves vacaciones recientes fuera del país, un libro sobre temas lingüísticos donde me topé con el término andinismo empleado por su autor, un español, en alusión a que en Europa se habla de alpinismo, pero en América del Sur lo que se practica, naturalmente, es el andinismo. Ni corta ni perezosa, me aboqué a mi compulsiva afición de búsqueda en el diccionario. En el lexicón académico actual (2001), al igual que en el Diccionario de uso del español actual Clave, se acogen tan precisas y adecuadas voces. Señala el académico que el andinismo -voz proveniente del gentilicio andino o andina para denotar a lo relativo a la cordillera de los Andes, al igual que a los naturales de la ciudad de Los Andes en Chile y la región del mismo nombre en Bolivia- es voz empleada en América para designar al “deporte que consiste en la ascensión a los Andes y otras montañas altas” y, consecuentemente, es andinista la persona que practica dicho deporte, vocablo de género común: el andinista, la andinista. El diccionario Clave define el término andinismo remitiéndonos al vocablo más genérico o amplio montañismo, el cual a su vez codifica como “deporte que consiste en realizar marchas a través de las montañas”.

Seguidamente alerta este lexicón que debe distinguirse entre el montañismo y el alpinismo, que es “deporte que consiste en escalar montañas elevadas”. La Academia por su parte no emplea el verbo escalar en su definición, sino que le define como “deporte que consiste en la ascensión a las altas montañas”.

El verbo escalar participa de tres entradas independientes en el diccionario de la Academia. La primera define seis acepciones entre las que se encuentra la alusiva al tema que nos ocupa: “subir, trepar por una gran pendiente o una gran altura” y la relativa al escalamiento como delito -“entrar subrepticia o violentamente en alguna parte o salir de ella rompiendo una pared, un tejado, etc.”, entre otras. Se incorpora, además, como sustantivo masculino para denominar al “paso angosto en una montaña con escalones naturales o hechos a mano” y como adjetivo para lo que, en el campo de la física, “carece de dirección, como la temperatura”.

Edmundo De Amicis (Italia, 1846-1908) es autor del libro de corte juvenil y romántico Corazón (Cuore, 1888), que contiene el cuento De los Apeninos a los Andes, el cual ha sido llevado a la caricatura por los japoneses. Se considera a este libro italiano como el más célebre para niños después del Pinocho de Carlo Collodi. En Corazón se intercalan diversas narrativas de niños héroes, entre los que destaca el pequeño genovés Marcos, protagonista del cuento que da marco hoy a este espacio y a las voces que en él se trabajan.[Si desea leer De los Apeninos a los Andes, vaya a www.ciudadseva.com, extraordinario sitio cibernético mantenido por el Dr. Luis López Nieves. Allí podrá disfrutarlo.]

Comentarios a (luznereida63@aol.com)

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