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Todo
enunciado está habitado por una voz ajena. Nuestro hablar es
un hablar también de otro. No somos propietarios de las
voces que usamos. El lenguaje es una propiedad colectiva. Y
en cuanto voces de otros no nos llegan de forma neutra, sino
cargadas, “ideologizadas”, configuradas con intuiciones
ajenas, de otros [...]
José
Enrique Martínez Fernández
La intertextualidad literaria |
El presente trabajo busca demostrar cómo
la obra
El corazón de Voltaire
de Luis López Nieves aun cuando está ambientada en el siglo XXI,
en pleno auge de la era tecnológica, logra captar un close up
muy próximo de los cimientos históricos, políticos, sociales,
culturales y religiosos sobre los que se sustentó el siglo de la
ilustración en Francia. Ese acercamiento retrospectivo a
importantes acontecimientos del siglo XVIII, que discurre entre lo
efímero y lo duradero, va dando cuenta de una complejidad textual
en la que se cruzan varios aspectos. Por una parte, los ámbitos
discursivo y narrativo se desarrollan a través de tres estructuras
que responden a géneros literarios disímiles pero que,
curiosamente, en esta obra progresan en una relación de
reciprocidad. Estas estructuras, la de la novela epistolar1
, la de la novela histórica y la de la novela negra2,
se informan mutuamente al tiempo que consienten explorar tensiones
y conflictos entre la literatura (historia trocada) y la
sociedad (impronta del pasado). La epístola y el misterio dibujan
múltiples líneas que van de la ficción a la realidad o viceversa y
del pasado al presente indistintamente pero dejando siempre
intersticios por los cuales es posible vislumbrar varios núcleos
temáticos en los que, sin lugar a dudas, hace énfasis la
conciencia organizadora del hablante implícito. Ese énfasis se
posa, fundamentalmente, sobre la perspectivización que desde el
siglo XXI se nos entrega de la víspera y el desarrollo de la
revolución francesa y sus implicaciones religiosas, políticas y
culturales, de la vida monacal en los conventos masculinos
franceses y del poder ejercido por la iglesia católica a lo largo
de la Historia así como de la anulación/omisión del rol de la
mujer en el controvertido siglo de Voltaire. De igual forma, la
estructura temática pone de manifiesto el poder de la burocracia y
los límites de la diplomacia de los aparatos de estado en la
Europa de este siglo en la misma medida en que nos muestra el
papel activo, determinante e influyente de la mujer tanto en lo
público como en lo privado en los albores del siglo XXI y el
evidente dominio de los adelantos tecnológicos con lo que se
cuenta en la actualidad.
Esa complejidad que exhibe la atmósfera
ficcional de una novela cuyo discurso está construido en base a
correos electrónicos rescinde la hipótesis en la que se profetiza
la muerte del género epistolar. Desde nuestro punto de vista, la
inmediatez, la espontaneidad, el carácter acomodaticio (brevedad o
extensión, formalidad o informalidad, trivialidad o seriedad,
diplomacia/mesura o aspereza/atrevimiento) que signa el correo
electrónico es precisamente lo que le otorga vitalidad y
consistencia a la literariedad de El corazón de Voltaire.
Si bien es cierto que en esta novela el e-mail se exhibe,
prácticamente, como el único procedimiento narrativo, no es menos
cierto, que eso trae consigo una deliberada ambigüedad espacial y
temporal que inhabilita por completo la univocidad del
procedimiento y provoca una exacerbada polifonía en la que
intervienen no sólo todos los constructos del texto novelesco
(personajes-narradores, hablante implícito, narratarios, lectores)
y las herramientas discursivas como la ironía y la parodia, sino,
además, las voces contrastantes de los sistemas referenciales
pasados y actuales de los que hace gala la obra. En este sentido,
a propósito de esa polifonía, es dable hablar, entonces, en El
corazón de Voltaire de un lenguaje de géneros (atendiendo
incluso la ambivalencia del término: género literarios: novela
epistolar, novela negra, novela histórica y masculino/femenino) y
de un lenguaje de generaciones que vendría dado por los momentos
históricos en los que se mueve el ámbito ficcional. Es en los
signos con los que se fundan ¿y refractan? ambos lenguajes en los
que se orquesta todo el universo semántico de la novela y, es
también allí, donde hay que buscar la revitalización que el correo
electrónico le ha conferido al género epistolar.
En este marco de referencias no podemos
pasar inadvertido que en el universo discursivo de esta obra,
tienen una incuestionable importancia las figuras del autor y el
lector implícitos, son ellos los que intencionalmente crean la
tensión entre lo verbalizado y lo insinuado. En el caso del autor
implícito, en esta novela no tiene una voz tangible que nos hable
directamente, no obstante, nos instruye a través de los signos
seleccionados para cada lenguaje que configura. Paradójicamente
desde el silencio esta figura irrumpe en la polifonía que
caracteriza la obra. Así, tal como lo percibimos, la dicotomía
discursiva se resuelve en el principio estructural que es
el hablante implícito y su contraparte el lector implícito. Este
último es convocado, paradójicamente, por el efecto de
verosimilitud producido por la sencillez de la narración. Esa
sencillez, que es sólo aparente3,
lo insta a acceder al espacio íntimo y confidencial de la
correspondencia personal.
En El corazón de Voltaire el
ámbito narrativo se inaugura con un primer correo electrónico en
el que se expresa una inquietud personal: [...]
Antes de retirarse a sus aposentos, la Embajadora me
ordenó, en un tono de voz que usa pocas veces, que confirmara con
ustedes si los restos de Voltaire están en el Panteón, lo cual
hago.(p.10), que pronto se convierte en una interrogante
histórica: ¿Dónde están los restos de Voltaire?
(p.11) y, más adelante, en un asunto de estado en el
momento en que Nicole Dugardin, embajadora de Francia en Brasil,
escribe directamente al presidente de Francia:
[...] ¿Sabías
que hay dudas sobre la autenticidad del corazón de Voltaire que
guarda la biblioteca nacional? ¿No te parece un escándalo?
Te ganarías el reconocimiento y el
respeto de los admiradores del Filósofo, que son muchos en todo
el mundo -los que viven en Francia,
votan- si ayudaras a resolver este misterio. ¿Te animas? [...]
(p.16)
Esa expectación inicial, proveniente, por
cierto, de Latinoamérica, abre y activa el ámbito ficcional y, es
luego la interrogante histórica convertida en asunto de Estado de
la república francesa la que persuade al lector a constituirse
como ínsito al discurso. Tal persuasión nace de la constante
referencia que hacen los personajes-narradores al secreto y a la
confidencialidad. El lector debe, inexorablemente, dejarse
fictivizar, no sólo porque es el receptor de una correspondencia
ajena, a la que de otro modo no tendría acceso, sino también
porque está siendo partícipe de una búsqueda que no puede ser
divulgada por el riesgo que implica alterar el curso de la
Historia. La narración progresa sistemáticamente en dos planos:
uno en el que se asume escritura privada y se dejan al descubierto
ciertas confesiones íntimas de personajes públicos y otro que se
desarrolla en la plena conciencia de que lo personal está siendo
desacralizado, en este segundo plano las historias vienen más bien
desde la periferia, de personajes-narradores que, en rigor, no son
del entorno público ni agentes directos de los hechos históricos:
Cecilia Costa, Frédéric Sarre, Abad Philippe de Sedaine sin ser
protagonistas de los acontecimientos los desenmascaran. Estos tres
personajes son metafóricos en sí mismos, en la ficción ellos se
apropian de documentos que no les pertenecen, invaden
correspondencia de otros y lo hacen sin misterio, sin asomo de
culpabilidad. Sus discursos desplazan el velo hierático que
envuelve las figuras de Gabriel Daumart, al Dr Claude Durieu, al
Conde de Tamerville y al propio Voltaire. Las dos facetas de sus
vidas (conocida/desconocida) son puestas en tela de juicio. Nos
encontramos, entonces, con una Historia contada sin reserva desde
los márgenes. Cuando Roland de Luziers firma el contrato de
confidencialidad ya el lector se ha hecho su cómplice por eso sabe
a priori que el contrato será incumplido. El propio Luziers
en su afán de encontrar la verdad también violenta intimidades (de
espacios físicos, la Abadía por ejemplo, y de mundos internos) y
lo hace con conciencia plena, además. Es a propósito de eso, que,
en El corazón de Voltaire, podría hablarse de una
combinación lúdica en la que intervienen las voces de quien
escribe, quien organiza, quienes cuentan y quienes leen. A este
respecto interesa la tesis de Bajtín (1990: 261) según la cual
en el intercambio de cartas puede verificarse que el oyente, como
entidad pasiva, es una abstracción poco útil para el
reconocimiento profundo del proceso comunicacional.
Agregaríamos, incluso, que en el caso del correo electrónico ese
proceso comunicacional se plantea mucho más complejo y por lo
tanto requiere de un lector competente. Como dice Sylvia Molloy
(2004: 164) Ningún texto, por sugerente y matizado que parezca,
deja nada al azar[...](Todo texto sugerente es deliberado:
Verlaine habla de “elegir” la ambigüedad, lo impreciso). Es
indudable que en esta obra de López Nieves se elige la
ambigüedad del tiempo, del espacio, de la Historia y, la
literariedad estructurada en base a e-mails le proporciona una
particular ambigüedad al discurso.
En una obra literaria como la que nos
ocupa, en la que el manejo de los avances tecnológicos nos
presenta una dimensión tan cercana de la realidad y la verdad
ficcional es impugnable porque no existe una voz que liderice en
el ámbito narrativo sino que cada personaje, indistintamente,
ejerce la función de enunciador, se hace perentorio plantear un
análisis en el que las marcas que signan el lenguaje sean la vía
expedita para acceder a las significaciones del texto. En este
punto, hay que conceder, necesariamente, que, en la novela que
hemos venido comentando, los géneros discursivos se yuxtaponen
para construir un sustentáculo solidario de los unos con los otros
a favor de la recepción del enunciado.
Entre la impronta histórica y las marcas de género...
significaciones posibles en El corazón de Voltaire
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El médico Alcmeón observó,
con la aprobación de Aristóteles, que los hombres mueren
porque no pueden unir el principio con el fin. Lo que ellos,
los hombres que mueren, pueden hacer es imaginar para sí
mismos una significación en estos hechos no recordados, pero
imaginables. una de las formas en que pueden hacerlo es
crear objetos en los que todo, en la medida en que existe,
está en concordancia con todo y ninguna otra cosa es, lo
cual implica que esta disposición refleja los designios de
un creador, real o posible.
Frank Kermode
El sentido de un final |
De acuerdo a lo que se ha planteado sobre
El corazón de Voltaire en el aparte anterior hemos de
reconocer que la ausencia de una voz narrativa en la que confluyan
diferentes tonos y modulaciones no obedece a una debilidad
textual, por el contrario, tiene como finalidad estimular el
diálogo delirante que procede de la escritura y está orientado a
producir un impacto en el lector4
que conoce y de antemano acepta que el proyecto discursivo de esas
voces narrativas está mediatizado por una instancia otra que opera
desde la parodia y la ironía. Estas estrategias discursivas en
esta novela, sean cuales sean sus modos de realización, apuntan
siempre hacia el orden ideológico instaurado por el hablante
implícito quien, por supuesto, las subordina a su propia
estrategia escritural.
En la medida en que, en la obra objeto de
estudio, se van sucediendo las voces narrativas, se va
construyendo, en forma simultánea, la estructura de la novela
epistolar, el correo electrónico como sostén absoluto del ámbito
narrativo, de la novela negra, el misterio y el suspenso
detectivesco como materia prima de hechos que aunque paródicos
aspiran a la develación y la de la novela histórica, los
acontecimientos pasados en retrospectiva crítica. Esas tres
estructuras genéricas cardinales devienen también en
microhistorias que se bifurcan y enriquecen la intriga narrativa.
Esto trae consigo una polifonía que reposa como ya dijéramos sobre
el principio de la yuxtaposición en el espacio textual de
diferentes formas y géneros y esto, en consecuencia, se traduce en
una escena dialógica regida, insistimos en ello, por el hablante
implícito. A este respecto coincidimos con Barthes (1987) en que
la correspondencia es una empresa táctica destinada a defender
posiciones, a asegurar conquistas. Es decir, en El corazón
de Voltaire, el pasado y el presente, lo rudimentario y lo
tecnológico no sólo coexisten textualmente; hay que convenir que
en la obra la perspectivización irónica del siglo de la
ilustración y el relieve paródico que se nos dibuja del presente
escenifican el paroxismo lúdico y perverso de la palabra escrita.
Es del circuito comunicacional que instaura el intercambio de
misivas electrónicas de donde emergen los personajes-narradores,
es su propio discurso el que los individualiza. Ciertamente no
existe una voz única que controle la literariedad en la que
interactúan los personajes, sin embargo, el diálogo instituido por
el intercambio de correos electrónicos se basta solo en el ámbito
textual. Desde el intercambio escrito se configuran las
personalidades, las estructuras discursivas y las concepciones de
mundo que ofrece la novela. Madame Dugardin e Ysabeau de Vassy son
personajes perfectamente bosquejados tanto en su aspecto
psicológico, maneras de percibir el entorno como en su accionar.
De hecho podría afirmarse que son los dos personajes femeninos más
fuertes de la novela. La primera precipita todo el acontecer
interno y externo, la segunda, de alguna manera, desencadena
exasperadas polémicas en el campo de la investigación, la religión
y la política. En ambas están las motivaciones intra y
extratextuales que guían el acontecer, de una y otra recibimos una
doble imagen, se narran a sí mismas y son
narradas por los otros:
[...] la
Embajadora me ordenó, en un tono de voz que usa pocas veces, que
confirmara con ustedes si los restos de Voltaire están en el
Panteón, lo cual hago.
Agradeceré una respuesta inmediata.
Cordialmente,
Rogier Meurisse (p.10)
La embajadora añade que si dicho informe no ha llegado a nuestro
buró mañana a las 1900 horas, ella telefoneará de inmediato al
ministro de cultura, jefe de usted, y luego llamará al Palacio
del Eliseo. Con mucho gusto le rendirá un informe a su tío sobre
el apoyo que brinda el viceministro de Cultura a las embajadas
de Francia en Latinoamérica.
Muy cordialmente,
Rogier Meurisse (p.12)
Te ganarías el reconocimiento y el respeto de los admiradores
del Filósofo, que son muchos en todo el mundo -los
que viven en Francia, votan- si ayudaras a resolver este
misterio. ¿Te animas?
El presidente de Brasil te envía
saludos muy efusivos. Me ha pedido que acordemos la fecha de tu
visita, que discutiré con Laurent.
Me escribe mamá para decirme
que nos reuniremos en Aquitaine en agosto, durante mis
vacaciones. Será un placer abrazarte, como siempre,
Besitos,
Nicole (p.16)
Querida Nicole:
Sin duda habrás leído las noticias
sobre el corazón de Voltaire. Francia está en deuda contigo, ya
que la investigación nació a partir de tu sugerencia del año
pasado. Muchas gracias.
Recibe los besos de tu
Tío (p.228)
En el caso concreto de Madame Dugardin,
la obra comienza y culmina con el reconocimiento expreso de que su
figura controla el acontecer. Con respecto a Ysabeau de Vassy su
propio discurso y el de Roland de Luziers nos perfilan un relieve
bastante nítido de ella en sus contextos académico, político,
religioso, social y familiar. Ese perfil es fundamental en la
novela. Es a partir de este personaje que se discute con la
tradición, la cultura, la Historia y la religión. Si bien Roland
de Luziers es el investigador, el hombre de ciencia que despierta
admiración y respeto, no hay que perder de vista que es la
historiadora quien determina la perspectivización que al final de
cuentas obtenemos del ámbito histórico-político. Es ella quien
constantemente dicta las pautas de la investigación y es en
definitiva quien resuelve qué hacer con los resultados obtenidos
mucho antes de que el gobierno francés decida lo que le conviene y
lo que no al país y al mundo. Otro aspecto importante tiene que
ver con que en los lenguajes femeninos (Dugardin, Ysabeau, Cecilia
Costa, etc.) es donde encontramos la mayor entonación irónica que
le da fuerza al discurso:
Estimado doctor de Luziers:
Hace unos ocho meses que el ilustrísimo
pariente de Voltaire, mi esposo Gabriel Daumart, nos abandonó a
mí y a su hija de dos años de edad [...] Lo único que me dejó
Gabriel fueron sus deudas, ropa vieja y esta dirección de
internet, que total siempre la pagué yo, aunque estaba a su
nombre.
Suerte con su estudio. Si por
casualidad descubre dónde estás el famoso prócer, por favor
avíseme porque le debe la pensión alimenticia a su hija.
Atentamente,
Cecilia (pp 28-29)
La alternancia de narradores es lo que permite aprehender un
amplio espectro de la Historia pasada y presente, de los datos
poco significativos y los reveladores. En cada enunciado de los
distintos e-mails se nos muestran modulaciones de lo genérico
(pensamiento femenino/masculino):
[...] Mi madre
es francesa y sicóloga. Además, conozco bien a los franceses.
Por tanto, sé lo que usted está pensando. Pero le puedo asegurar
que Gracielita es hija de Gabriel. Tendrá que conformarse con mi
palabra, porque no tengo más pruebas.
Quiero aclararle lo siguiente: algo
raro tal vez ocurrió durante ese estudio de hace veinte años.
Algo raro tal vez sucedió durante la vida de Voltaire. Algo raro
tal vez sucedió en los últimos doscientos y pico de años desde
su muerte. De todas esas cosas, al igual que de libros de
historia, documentos, genes o estudios genealógicos, no sé nada.
Lo admito: soy muy ignorante.
Pero nada raro, señor, ocurrió durante
la concepción de mi hija. Nada raro. De una cosa estoy muy
segura: la señorita Graciela Daumart es hija del prócer Gabriel
Daumart, aunque él no la merezca.
Atentamente,
Cecilia (p. 34)
[...] Sólo hay explicación lógica: la
mujer de Gabriel Daumart es una gran adúltera. La niña no es de
Daumart. Por eso las abandonó.
Lo buscaré y lo encontraré donde quiera
que esté. Lo juro.
Abrazos,
Roland (p.35)
Estimado Georges:
Vuelvo a pedirte un favor relacionado
con la Abadía de Aurillac. Como te dije antes, varios
catedráticos de La Sorbonne llevan a cabo un importante estudio
para la oficina del Presidente. Entre los profesores, como es
natural en pleno siglo XXI, tenemos a una de las más
prestigiosas historiadoras de Francia: la doctora Ysabeau de
Vassy, docente la Sorbonne, Miembro de la
Academia de Historia y autora de famosísimos libros sobre
la Ilustración [...]
(p.130)
Estimado Vincent:
[...] Hablé con colegas del Instituto.
Hablé con su Excelencia, con el Superior Benedictino de fray
Víctor y con varios jerarcas más, cercanos al Abad. Pero hay un
problema inconquistable: durante más de mil años no ha entrado
una sola mujer a la Abadía de Aurillac. Fray Víctor y sus
frailes están en pie de guerra, y no exagero: antes de que entre
una mujer preferían pegarle fuego a la biblioteca, a la Abadía y
a sí mismos. Han expresado claro el hecho de que eligen
inmolarse antes que ceder. Además, cuentan con la comprensión (y
el apoyo implícito) del Superior y de su Excelencia.[...]
(p.131)
Así como es posible, en estos ejemplos, percibir entrelíneas un
lenguaje de géneros, de igual forma es factible encontrar las
señas que denotan lo generacional, en esta obra asociado a lo
histórico y al eje temático fundamental. En la novela resulta
asombrosa la armonía y la convivencia que logran los más
trascendentales avances de la era tecnológica y los paréntesis
históricos que nos hablan del pasado. Incluso la correspondencia
manuscrita, secreta, de época es asimilada y develada por la
tecnología y los nuevos descubrimientos. Podríamos decir, de
hecho, que en El corazón de Voltaire se complementan dos
estructuras epistolares: una verbalizada (correos electrónicos e
inserción de cartas del siglo XVIII) y una sugerida: Anejo:
Carta del Dr. Jérome Batailles (p.16),
Anejo: Orden de
Monsieur le Président
(p.38), Anejo: Datos sobre la tumba de Monsieur Guy Daumart
(p.49), Anejo: Exhumación de cadáveres, Zacatecas, México
(p.52), Anejo: Las cartas de
Gustave de Tamerville (p.115), Anejo: Estructura y regla
benedictinas (p.174). En un mismo espacio discursivo el pasado
(la Historia) y el presente (avances tecnológicos y
descubrimientos científicos) se retroalimentan y se evalúan
mutuamente:
[...] No sé si
conoce usted uno de los casos más espectaculares de la genética
moderna. Le proveeré los datos para que pueda entender mejor la
importantísima razón que me lleva a escribirle:
El rey Luis XVI fue guillotinado el 21
de enero de 1793 por los revolucionarios franceses. Luis Carlos,
segundo hijo de los reyes, se convirtió ese mismo día en Luis
XVII, nuevo rey de Francia, ya que su hermano mayor había muerto
en el 1789 [...] Muchos historiadores y
genealogistas habían tratado de resolver el misterio de Luis
XVII, pero siempre en vano. Sin embargo, en el año 2000 la
genética (la ciencia que estudia el ADN humano) había dado unos
saltos gigantescos, que le permitieron interceder de forma
decisiva en la controversia. Dos colegas
y amigos míos, Jean-Jacques Cassiman y Bernard Brinkmann,
consiguieron tres cabellos que pertenecían sin duda alguna a la
reina María Antonieta, madre del niño. Luego le practicaron
varias incisiones al corazón de Luis XVII
(extraordinariamente bien conservado: se veían las arterias y
compartimientos) para extraer muestras[...] (pp.25-26)
En esta escritura epistolar moderna encontramos la alteridad como
una marca indeleble que atraviesa toda la Historia y la
entremezcla con el enmascaramiento, la contradicción, el enigma y
la transformación lúdica. Entre el siglo XVIII y el XXI se
producen distanciamientos y acercamientos signados por la tensión,
el suspenso y la intriga que sólo se manifiestan en la
fragmentaria estructura lingüística del tiempo representado, en la
fabulación con el lenguaje. A partir del correo electrónico los
narradores, todos contando desde su presente, verbalizan su propio
yo y subjetivizan el pasado, subvierten la Historia contada desde
el poder y sus agentes. A ello contribuyen en alto grado la ironía
y la parodia. De acuerdo a lo que hemos venido planteando estas
dos herramientas son las que garantizan que el lenguaje moldee
conductas y estructuras en la novela. No se trata sólo de
superficies que simplemente sugieren contenidos. Por el contrario
hay un juego de palabras que diseñan esos contenidos y luego les
devuelven su propio reflejo. La ironía como la parodia sirven al
lenguaje, una y otra son la contracara de un espejo perverso y
amenazador de la realidad.
En El corazón de Voltaire la
ironía hace que el propósito de la escritura de lo íntimo sea
alterado. En la medida en que cada quien se cuenta a sí mismo y el
lector espía la correspondencia privada se produce una
indeterminación narrativa estratégicamente irónica. La ironía
relativiza tanto lo real, sistemas referenciales, como lo
ficticio, Historia trocada. Esa herramienta discursiva
marca el lenguaje en tanto determina las imágenes de mundo
representadas en la ficción, entendida como búsqueda dialógica del
sentido es uno de los soportes centrales de los tres géneros
literarios que se funden en la novela. A través del lenguaje se
parodia la Historia porque la ironía lo consiente. En lo
concerniente a lo epistolar al estar re-creado en base a correos
electrónicos da cabida a la oralidad y a la escritura, a la mesura
(discretos silencios) y al ruido (marcas tipográficas que
exacerban significados) y sobre todo contrapone la vertiginosidad
de los tiempos modernos frente a la tradición. Esas dualidades
matizadas por la ironía son las que propician las historias
paralelas a las que ya hiciéramos referencia. La duda sobre la
autenticidad del corazón de Voltaire, la existencia en Puerto Rico
de un descendiente llamado Gabriel Daumart, la teoría del doble
desarrollada a partir de la figura enigmática de Gustave de
Tamerville, la investigación propiamente dicha son elementos que
aunque múltiples y multiplicadores dan a la obra un carácter
circular porque al final de cuentas todo quedó reducido a un
comunicado de prensa en el que nuevamente a través de la
palabra se manipulan los resultados de la investigación.
Ahora bien, más allá de la intriga y el
argumento, El corazón de Voltaire tiene un altísimo valor
literario que tiene que ver, por una parte, con el hecho de que
los personajes se construyen a sí mismos por obra y gracia de la
palabra escrita, del lenguaje verbalizado, por otro lado con la
mixtura de géneros literarios que no se estorban sino que informan
mutuamente y, por último, con el rol preponderante que debe jugar
el lector en la propia ficción.
En virtud de que El corazón de
Voltaire es una nueva novela novedosa como la llamó Menton
(2006) son muchos los elementos que pueden ser desmontados y
analizados. Todos los constructos del texto están supeditados a un
discurso cuya estructura nos era desconocida hasta hace pocos
años. De allí la importancia que le hemos adjudicado al lenguaje.
Si bien los adelantos tecnológicos colocan en escena un tiempo
avasallante, también ponen de manifiesto una framentariedad que se
desarrolla en varios niveles y cuenta con los prestigiosos efectos
de la sugerencia del lenguaje.
FIN |