|
El corazón de Voltaire Esta
novela vehemente, original y bien escrita debe sumarse a
los intentos de la postmodernidad por ampliar los
horizontes de la prosa narrativa, a partir de los más
sublimes resortes de la originalidad. Por su forma, la
asemejo con otras dos obras que no tienen comparación,
salvando las distancias: “La guerra del fin del mundo”,
de Mario Vargas Llosa, y “El chat”, de Pedro Camilo,
amén de otros intentos fragmentarios que no voy a citar
por constituir pequeñas deducciones, y no pruebas
contundentes.
Mientras el peruano universal se
metió en el mundo de los partes de guerra y el
dominicano tejió una impresionante historia en
conversaciones “on line”, el boricua Luis López Nieves
tocó el mundo del email, punto por punto, mensaje por
mensaje.
Su historia de suspense es la
recreación de un tiempo y un espacio donde los hombres
se atrevían a pensar y a morir por la dimensión de sus
inventos. No puedo negar que me siento impactado por
este libro que distribuye Editorial Norma en todo el
país. Creo que tiene todos los ingredientes, tanto
literarios como extraliterarios, para convertirse en un
clásico de nuestro tiempo.
Celebración
del vino oscuro
El día que Manuel Mora
Serrano escriba sus memorias, la literatura dominicana
recibirá un documento fundamental para entender la raíz
de sus procesos culturales, tanto aquellos que pueden
ser divulgados, como los que no. Por lo pronto, su vida,
sus novelas, sus magníficas columnas y agudos ensayos
constituyen espacios de ganancias. Ahora, con su
acostumbrada grandeza y su enriquecedora humildad,
Manolo le ha entregado una pequeña antología poética a
la editora “Angeles de Fierro” de Noé Zayas, antecedida
por tres capítulos de lo que pudiera considerarse como
un adelanto de su historia personal. He admirado aquí su
verso exacto, sorprendente y sorpresivo, dispuesto a
envolvernos en su manto de misterio.
Aunque diga
que no es poeta, Manolo es algo más: es el perfecto
motivo de hacernos crecer como mortales. Y he admirado
también esas vivencias que me hicieron sentir orgulloso
de mi condición humana. Sé que en el país ni hay ni
habrá una distribuidora del libro, muy a pesar de unos
cuantos quijotes.
Pero le pido a Noé Zayas que
lleve algunos ejemplares a las pocas librerías que nos
quedan con sus propios recursos en otro acto de
heroicidad cultural. Leerlo vale la sangre que nos
corre. Cuando un autor de su prestigio y dimensión
publica por una editora “pequeña” y de provincia un
libro de primera línea, no es por gusto. Manolo “viene
de abajo”, sus huellas traen el inconfundible olor al
polvo del camino. Sabe lo que cuesta lograr la letra
impresa desde “el campo”. Y Noé Zayas ha logrado lo que
parecía imposible: estabilizar un programa permanente de
publicaciones literarias. |