La literatura puertorriqueña, con algunas excepciones,
solía mantenerse enclaustrada en la geografía nacional, si
descontamos los saltos esporádicos a Estados Unidos, que es
otra historia. A muy pocos autores nuestros se los encontraba
uno en la vitrina o en los anaqueles de una librería en
México, Buenos Aires, Madrid, Santiago de Chile o Bogotá. Lo
sé, porque es un ejercicio que suelo hacer cuando viajo.
Muchas podrían ser las razones para esto, pero la principal
es que, con salvados casos, se producen muchos libros para el
consumo interno y hasta hace poco había un limitado
intercambio con el exterior, como el que han mantenido el
poeta Vicente Rodríguez Nietzsche y otros integrantes del
grupo Guajana en República Dominicana y Cuba.
Los tiempos cambian para bien. Aparte de que hay una Feria
Internacional del Libro de Puerto Rico, que ha conseguido
sortear todos los obstáculos tendidos para que naufrague ante
la incapacidad de algunos para valorar su importancia, la
tecnología ha contribuido a diseminar determinadas
producciones literarias.
Hay ciertos nombres fetiches en la literatura nacional,
como Luis Rafael Sánchez, figura cimera que goza de sólida
reputación internacional; Rosario Ferré, Mayra Montero o Luis
López Nieves, cuya presencia es reclamada desde distintas
naciones de América debido a su más reciente obra, "El corazón
de Voltaire", que ya está en su segunda edición bajo el Grupo
Editorial Norma.
No hace tanto, Dalia Nieves Albert despertó el interés de
la editorial mexicana Diana para publicar dos de sus
poemarios, y Etnairis Rivera realizó un recorrido de lectura
de poemas por la geografía sur de América, que alcanzó hasta
Chile.
En estos días, Mayra Santos Febres se convirtió en primera
finalista del décimo "Premio Primavera de Novela", de la
editora Espasa, con su novela "Nuestra señora de la noche",
que será lanzada próximamente en España.
Varios creadores puertorriqueños han logrado una llamativa
presencia en Uruguay, a través del contacto con editoriales
como a Brace, en una expansión permanente del escenario
latinoamericano, como ha hecho María Juliana Villafañe en
Venezuela, Perú y Argentina.
El poemario "Ensayo sobre las cosas simples", de Mairym
Cruz-Bernall, sólida voz de su generación, acaba de ser
publicado por la colombiana Común Presencia Editores.
Precisamente, este libro será presentado el próximo martes,
a las 7:30 de la noche, en la Casa Aboy, en Miramar, centro
propulsor de las artes y las letras nacionales bajo la batuta
de Marisa Rosado.
La presentación de "Ensayo sobre las cosas simples", que
forma parte de la Colección Los Conjurados, será
responsabilidad del doctor Marcelino Canino Salgado y en la
actividad, que tendrá como maestro de ceremonias a Max Resto,
estará el director de Común Presencia Editores, Gonzalo
Márquez Cristo.
La autora, que desde 1993 ha estado muy activa en el
ambiente literario puertorriqueño, cuando creó el grupo
Puertas, que se prolongó por seis años, ofrece en esta obra el
retrato de "una mujer a distancia, tratando de despojarse de
las cosas que están de más –que después de todo, es casi
todo–, mira por las rendijas de su vida".
"A medio vivir, ella se levanta aún viva, anciana y joven,
amante y abandonada, madre y sola, con los hijos idos y los
maridos idos... a mirarse a sí misma en el espejo vigilado",
expone Mairym Cruz-Bernall a PRIMERA HORA. "'Ensayo sobre las
cosas simples', pudiera ser una despedida de aquellas cosas
que pesan en la vida, historias que repasa para ser olvidadas.
Es una mirada pero no hacia atrás, hacia delante".
Esta escritora mayagüezana mantiene una presencia
internacional con libros como "Soy dos mujeres en silencio que
te miran" (Torremozas, Madrid, 1998); "Encajes negros" (Casa
del Poeta Peruano, Lima, 1999); "Querida amiga, querido amigo"
(junto al cantante Danny Rivera, Isla Negra Editores, San
Juan, 1999); "Alas de islas" (Oveja Negra, Bogotá, 2003), y
"Enferma de mi deseo" (Fondo de Cultura Económica, edición
continental, México, 2006).
Este amplio impulso más allá de nuestras fronteras marinas
que ha logrado la literatura puertorriqueña se refleja
igualmente en el ensayo que sobre la novela "Réquiem" (Isla
Negra editores, 2005), de Ana María Fuster Lavín, ha vertido
el intelectual uruguayo Luis Víctor Anastasía:
"El hilo conductor de este libro de cuentos y de sus
capítulos –sus cuentos urbanos, que tienen un perfil de
leyenda urbana por el terror que llevan en su cola–, tiene la
movilidad de las secuencias cinematográficas: rápido y
restallante, el tiempo de las vidas cuenteadas va y viene,
años adelante y años atrás. Éste es un procedimiento artístico
y es también una metafísica y una lógica de ese
procedimiento".
En su ensayo, el poeta apunta que Ana María Fuster
experimenta la enorme piedad, las intuiciones y simpatías para
todos en "la experiencia creadora de su novela cuentada y la
hace así motivo de su propia intención artística y motivo de
la ética que llevan el hilo en paralelo con los cuentos
urbanos que integran este 'Réquiem', que es cuenteada porque
su novela de los destinos necesita de los cuentos como el
collar necesita de las cuentas".
Como vemos, la literatura puertorriqueña se encuentra en un
momento de fulgor que traspasa las fronteras de Nuestra
América; momento que debe ser aprovechado por los creadores
para potenciar sus obras.