La
concepción indígena del tiempo dictaba que las horas
transcurrían de manera circular, todo un ciclo natural. Y fue
así de manera fluida y natural que transcurrió el tiempo
durante el conversatorio que reunió, por espacio de una hora,
en la Universidad del Sagrado Corazón a la escritora Laura
Esquivel y a una audiencia curiosa que no se percató de que
dieron las ocho.
Ataviada con una vestimenta de colores indiscretos que
contrastaban con su semblante tranquilo, Esquivel abordó
principalmente el contenido de su nuevo trabajo literario:
Malinche. Así, como aquellos temas recurrentes en su obra, que
fueron puestos sobre el tapete por el periodista de El Nuevo
Día, Mario Alegre Barrios, quien fungió como moderador, junto
a las profesoras de la institución Teresa Prévidi y Sonia
Fritz. Además, estuvieron presentes el escritor
Luis López
Nieves y el director de la institución José Jaime Rivera.
Según Esquivel, esta historia le permitió una profunda
reflexión sobre el verdadero propósito de nuestra existencia,
sobre la importancia de los elementos de la naturaleza, sobre
el hecho de que es posible vivir de otra manera
relacionándonos con el mundo como parte de un todo. Entender
que el empeño de ver al otro como diferente, como enemigo,
sólo nos lleva a la guerra y a la destrucción.
“Estamos en un mundo de competencia, donde lo importante no
es compartir. En todas las tradiciones sagradas el compartir
era una parte fundamental de la convivencia y poco a poco el
mundo civilizado nos quita esas ceremonias... Hemos dejado de
compartir nuestra mesa, ya a nadie se le invita a la casa
porque ¡qué flojera! y las citas son en restaurantes y son
para negocios”, comentó la autora, quien a su vez hizo
referencia a aquella anécdota del jefe Seattle, que no podía
entender que alguien quisiera comprar la tierra.
“¿En qué momento la tierra dejó de ser de todos para
convertirse en un bien apropiable, destruible, aniquilable,
explotable? Somos destructores de nosotros mismos, un ataque
de esta naturaleza es suicida... Eso es lo que me da la
Malinche: toda una reflexión de que parece que hemos avanzado
muchísimo pero no es cierto. No podemos hablar de desarrollo,
ni podemos hablar de democracia y avances, mientras millones
de personas mueren de hambre, no hemos avanzado por el camino
correcto”, añadió esta mujer ecléctica en cuanto a religión se
refiere y que tiene la certeza de que prefiere conocer y estar
cerca de Dios en vida.
El trabajo de Esquivel, sin duda, se distingue por la
presencia de un tono espiritual y éste no es la excepción.
Posiblemente, con más razón, pues es en el lado humano y en la
necesidad de reconocernos como componentes de un todo, que
radica la universalidad de la obra. Según afirma, vivimos en
un mundo caótico, donde no nos sorprende que la bolsa de
valores de Tokio afecte la de Brasil, sin embargo no nos damos
por enterados cuando alguien al otro lado del mundo sufre. En
la historia, un mundo de creencias se enfrenta al otro y se
busca aquello que se puede rescatar, argumento que según
explica Esquivel, es un relato universal y nos corresponde a
todos, sin importar si ocurrió en México o en cualquier otro
lugar.
Otro de los temas que captó la atención de la audiencia,
compuesta en su mayoría por estudiantes y amantes del mundo
del libro, fue el proceso de creación de la autora. En este
caso, la escritora contó que una vez aceptó trabajar la
historia, la génesis del personaje inició con los sonidos y
las imágenes que pudieron haberla rodeado. Por otro lado, al
abordar el tema de la creación del guión de cine, destacó que
hoy día a la gente de dinero no le interesa escribir las
historias que ella quiere contar. Así mismo responsabilizó
-apuntando con el dedo- al cine hollywoodense “por el
incremento de la violencia en el mundo”.
“Aunque esto suene muy cursi, hay que seguir creyendo en el
amor y mientras sigamos recibiendo esa violencia espantosa,
desde que abrimos el periódico, que hace que el corazón se nos
encoja y nos deprimimos, no vamos a encontrar la salida... Un
minuto al día: es todo lo que pido, decir 'hoy sí voy a creer
en el amor, voy a hablar del amor y voy a creer en el amor',
porque nos reunimos para compartir el dolor, el horror y
parece que nos da hasta placer y llegamos a un sitio y rápido
es, '¿ya supiste, mataron a fulanito, le cortaron el dedo?' y
uno se quiere morir y no hay forma de relacionarnos a través
de historias de horror. Por eso hay que contar y ver el amor y
creer en el amor”, finalizó Esquivel, no sin antes recordarles
a los puertorriqueños que se sigan “enfrentando al
imperio”.
Luego de la charla, la escritora atendió a la audiencia y
autografió libros, ejercicio que repetiría anoche en Borders
de Plaza Las Américas y hoy -a partir de las 7:00 p.m.- en
Borders de
Mayagüez.