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Querida Eudocia:
Los antepasados del rey Juan Carlos ejecutaron
el mayor holocausto de todos los tiempos. Ese trofeo no lo gana
Adolfo Hitler. Le pertenece a la Monarquía Española que a partir de
1492 mató a millones y millones de indígenas americanos. Y a los que
no pudo matar los esclavizó, al igual que a millones de africanos
que secuestró de sus tierras para servir los intereses de la Corona
en América.
Durante 300 años la Monarquía Española saqueó, brutalizó y humilló a
los indios, negros y blancos de sus colonias de América, hasta que a
principios del siglo XIX la mayoría de estos países pudo
independizarse. Las colonias que no se habían liberado, Cuba y
Puerto Rico, les fueron arrebatadas a la Corona decadente en el
1898.
En 1931 el rey Alfonso XIII, abuelito de Juan Carlos, huyó de España
cuando los ciudadanos lo repudiaron y proclamaron la Segunda
República. Poco después el general Francisco Franco, uno de los
tiranos más sangrientos que ha conocido Europa en toda su historia,
por lealtad a la Monarquía Española derribó la República Democrática
de España y provocó una terrible guerra civil. Tras el triunfo de
Franco en 1939, este caudillo fascista tiranizó a España hasta su
muerte en el 1975.
Pero ¿a quién nombró Francisco Franco, en el 1969, como sucesor suyo
y futuro rey de España? Al nieto del odiado Alfonso XIII: a Juan
Carlos, el actual rey de España, descendiente de una larga cadena de
genocidas y heredero directo de Francisco Franco.
Nadie eligió rey a Juan Carlos. Nadie ha elegido a Juan Carlos para
nada. Francamente, querida Eudocia, nunca he entendido por qué un
país moderno, progresista e inteligente como España retiene como
jefe de estado a este muñeco medieval que, por su pedigrí genocida,
es una vergüenza para todos los que hemos nacido con títulos
nobiliarios.
Para colmo, el pasado 10 de noviembre, durante la Cumbre
Iberoamericana, este hijastro de Franco ha puesto en ridículo a su
propio país cuando se sintió con la autoridad para tutear, manotear
y mandar a callar públicamente a un presidente que ha sido elegido
democráticamente en tres ocasiones: Hugo Chávez.
Es evidente que Juan Carlos se atrevió a faltarle el respeto al
presidente de Venezuela porque éste es mulato, mestizo y americano.
Es decir, es un descendiente de todas las razas que la Monarquía
Española desprecia con gran naturalidad, porque durante siglos hizo
lo que le dio la gana con los negros, indios y criollos de América.
Acostumbrado Juan Carlos a reunirse únicamente con presidentes y
reyes tan blancos como él, ahora se encuentra, de pronto, muy
incómodo en una cumbre con indios y mulatos y mestizos como Hugo
Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega... y por un instante ha cometido
el gravísimo error de tratar al presidente Chávez como a un mero
sirviente a quien se puede regañar en público.
Mis colegas embajadores se han horrorizado ante esta actitud
insólita y arrogante del heredero de Franco. Mayor aún es el
escándalo entre los miembros de la nobleza, porque Juan Carlos ha
olvidado una importante ley no escrita que todos los príncipes
aprendemos desde niños: noblesse oblige, la nobleza nos
obliga a dar el ejemplo. Es obvio que Juan Carlos debe disculparse
públicamente ante el presidente de Venezuela y ante todos los
pueblos de América Latina. Y debe acostumbrarse a la dura realidad
de que este continente ya no le pertenece a la Monarquía Española.
Te besa tu hermano,
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