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Querida Eudocia:
Napoleón invadió Rusia en el 1812 con medio
millón de soldados. Inicialmente el ataque fue tan abrumador que los
rusos retrocedieron. Pero antes de abandonar una provincia o una
ciudad lo quemaban y demolían todo -casas, campos, talleres,
granjas- absolutamente todo, para que el ejército francés no pudiera
aprovecharlo.
Esta estrategia militar, conocida como "tierra rasada", consiste de
privar al enemigo de los recursos del país que ha invadido. Al no
poder suplirse en las tierras agredidas, la labor del invasor se
hace mucho más penosa porque tiene que abastecerse desde el
exterior.
En términos militares esta estrategia puede tener sentido. Conlleva
un gran sacrificio para algunos ciudadanos, que lo pierden todo,
pero a largo plazo se salva la patria.
He observado que en América Latina abunda mucho la mentalidad de
"tierra rasada", pero no en el campo militar, donde puede ser
efectiva, sino en la política, donde es un disparate.
Cuando un partido pierde una elección es normal que patalee un poco,
pero luego se resigna y empieza a prepararse para las próximas
elecciones. En Venezuela, en cambio, la oposición se niega a aceptar
sus muchas derrotas. Aunque el presidente Hugo Chávez siempre gana
las elecciones con grandes mayorías, sus opositores insisten en
acusarlo de "dictador" y han adoptado la estrategia de "tierra
rasada".
Varios medios privados de comunicación -que lógicamente pertenecen a
la oligarquía- con gran descaro han promovido golpes de estado y
hasta pedido la intervención del Imperio del Norte. Incluso
participaron en el fracasado golpe de estado de 2002. En cualquier
país del mundo semejante conducta conduciría a la clausura inmediata
de los medios golpistas y al arresto de los dueños. Pero en
Venezuela el gobierno ha procedido por medios legales.
De hecho, poco después del intento de golpe, la incansable
oligarquía, siempre con su estrategia de "tierra rasada", logró que
una cantidad de ingenieros petroleros se fuera a la huelga con el
único fin de provocar el colapso económico del país. Nuevamente, el
presidente Chávez evitó el desplome de la industria petrolera sin
recurrir a la represión.
No me sorprende que la prensa del Imperio del Norte llame "dictador"
al presidente Chávez: siempre demonizan a los que no adoran el
modelo político norteamericano. Pero no entiendo cómo un venezolano
puede hacerlo. Por eso aproveché un viaje reciente a Venezuela para
preguntarle a un opositor del gobierno:
-¿No dijo la OEA, invitada a Venezuela por ustedes, que las
elecciones fueron limpias?
-Chávez compró a la OEA con el dinero del petróleo -me contestó.
A otro le pregunté:
-¿No dijo el ex emperador Jimmy Carter, invitado a Venezuela por
ustedes para que supervisara las elecciones, que éstas habían sido
limpias?
-Chávez compró a Carter con el dinero del petróleo -me contestó.
En fin, querida hermana, en América Latina abunda esta mentalidad de
"tierra rasada", que en la política siempre es suicida. Algunos
exiliados cubanos, por ejemplo, llevan casi 50 años tratando de
quebrar a Cuba económicamente. Aunque no lo puedas creer, bailan y
beben champaña cada vez que Cuba anuncia una sequía, alguna escasez
o cualquier catástrofe... aunque sufran las consecuencias sus
parientes, sus hermanos y hasta sus propias madres que todavía viven
en la Isla.
En Puerto Rico ocurre algo similar. Ahora mismo este país sufre un
gran descalabro económico. Sin embargo, con mis propios ojos he
visto que cada vez que la economía recibe un nuevo golpetazo -ya sea
el cierre de una fábrica o la huida de un importante inversionista-,
los miembros del partido de la oposición saltan como monos y se
babean de felicidad.
Te besa tu hermano,
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